viernes, 2 de abril de 2010

Hablaré de ella...

Era de trato grato, siempre la palabra amable y la sonrisa alegre.

Al verla detenida a menudo hablando con tanta gente pensé que era afortunada, lo encontré lógico dado el encanto y el carácter.
Con el tiempo comencé a ver más allá, ella siempre daba, siempre estaba al requerimiento de ayuda o palabras de consuelo. Me extrañó que agradeciera de manera exagerada mis visitas, quizá porque yo no quería nada. Sólo me interesaba ella.
No fue fácil averiguar su historia de la que nunca hablaba. Me abrumó. Complicada, llena de dolor, sufrimiento y pérdidas que en su alegría habitual nada denotaba.
Esa paz serena sin usar sus pasadas experiencias enarbolándolas como bandera, sin escudarse en agresividades del carácter ni resentimientos ni cinismos, aunque hubieran sido disculpables.
Nada de eso encontré en ella. Si hubiera que describirla, las palabras serían dulzura, generosidad y sabiduría.
Aunque sin correspondencia siguió dando todo el tiempo que la conocí. Se relacionaba con sencillez. Nunca entendí ese aparte.

No pude evitar comentarlo un día. Volvió hacia mí con calma su mirada, torció el gesto en un amago de sonrisa.
                - Amor y amistad es un tesoro, muchas veces resplandece engañoso como el oro de los tontos pero no te equivoques amiga, ambos son raros y escasos pero tienes que dar para encontrarlos aunque ten claro que solo recibes cuando verdaderamente encuentras. Es la única forma, seguir dando.
Siempre vi en ella humildad y grandeza de espíritu, invalorable riqueza.
Se despidió una tarde. Cerró la casa y la ví alejarse, su figura se hizo pequeña en el camino perdida en la distancia.

Tiempo ha que nada sé de ella. Sé que la irá bien. Era de faz noble, ojos dulces, sonrisa clara y manos abiertas. Formula infalible para la gente buena.
Su marcha me dejó un mensaje y es curioso, los que dejó, ahora me hablan de ella.
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