viernes, 13 de agosto de 2010

En noche de luna pálida.

En noche de luna pálida

divaga mi mente en la estela de plata
que mece
en su ondulante vaivén
mi nostalgia.

Espejo del tiempo que me trae
penas y alegrías pasadas.
El correr inexorable de los años
que deja tantas cosas en la distancia.

Contemplo impávida
deseos oníricos de antaño,
lo que habitó mi mundo
y llenó mi espacio.

No volvería si pudiera,
todo lo pasado fue necesario
pero envidio hoy la emoción,
la incertidumbre
que provocaba en mí entonces
cada paso.

Mariant Íberi.

Tu sonrisa


Encontré tu sonrisa
y el paisaje se llenó de brisa cálida
mi cuerpo tatuado de pesares y vivencias
anillado de deseos y ausencias
volvió sobre sus pasos.

Ojos antes doloridos
de otear horizontes
contemplaron la esperanza
y pasé a tu lado
quizá me presentiste
leves y sutiles se cruzaron las miradas
se detuvo el tiempo
eternidad rozada
continué mi camino
me seguiste a casa
tuve la certeza que en nuestras miradas
nos vimos el alma,
extendí mi mano
caricia de promesas.
Tu sonrisa despertó
el corazón que hiberna.

M. Íberi.

Desde la ventana.


Deterse y contemplar,
dejar que sea la mirada, la impresión,
la que busque palabras sin inducción.

Ajena a la voluntad mi ánimo languidece
 con la tarde que se marcha
 mientras suenan lejanas las voces infantiles en la plaza,
levanto la vista al cielo y una luna creciente aparece
y una solitaria estrella la acompaña.
Mi mente desvaída intenta no pensar en nada
y sigo asomada en la ventana.

Una música suave mece
este instante de serena calma,
una anciana cruza la calle con el paso cansado
de quien no va a ninguna parte
de quien ya no espera nada.
De pronto un halo melancólico
en mí mirándola
se ha unido a las sombras de la noche que avanza,
quizá porque pasa la vida ante mi ventana.

M. Íberi.

martes, 10 de agosto de 2010

Herida


Agua azul y mañana clara
y en este día hermoso se me ha nublado el alma,
algo hiere,
 entorpece y perturba mi marcha.

Es grosero el dolor con esta belleza diáfana
cubre la melancolía una sonrisa desganada.
No sé su origen, no da la cara
siento que un viento malherido
ha abierto llagas.

Frente a la inmensidad azulada
intento no pensar en nada
desagraviar por esta flaqueza infortunada
por la línea oscura que penetra
en la luminosa calma que llevaba.

En el baile de las olas he perdido mi mirada,
ya no siento dolor,
es cierto,
llena de vacío
en realidad,
no siento nada.

Mariant Íberi.

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