jueves, 19 de diciembre de 2013

Hoy, aquí.


Noche
y las notas de la canción bailan lentas y sinuosas
la mente mecida en el ritmo roba al sueño
bebiendo la belleza sonora.
He renovado el vestuario del entorno,
me he rodeado de cosas hermosas
que engañen a mis rejas,
mi música sigue meciéndome en onírica danza
el marco pastel del atardecer,
el paso del niño que cruzaba la plaza,
el gesto amable de anónima semblanza.
¡¡Déjame !!
que en estos tiempos de tétricas miradas
de desesperación tan honda,
necesidad y desgana
yo me aferre como naufrago de aguas perdidas
que se alejan de todo habitad
hacia recónditos lugares
de soledad sin almas,
¡Deja!
que me impregne de la ternura,
de la caricia en la pupilas
de las imágenes
que adoré desde la infancia,
que inyecte la poesía como transfusión vital ,
¡Deja!
que la divina música siga meciendo mi ensueño
en esta noche amable
en la que la plácida luna ha venido a visitarme
a esta torre atormentada
danzando conmigo
recordando ambas otrora
amargura confidencial.
Retrocedo caminando de espaldas
hacia la luz del horizonte
en espera de la muda contemplación,
promesa y baño del milagro diario.
El bello amanecer muere en la colina
y mis ojos continúan fijos
en las negras nubes que pasan.
Un viento helado eriza mi piel
erosiona labios que ya no esperan
el roce apasionado
del que fue sostén y morada.
decepcionada 
comienzo a caminar con el ritmo aún
de las notas agridulces
que enmudecen ahora que me alejo
tras la estrella de la mañana
que intenta huir de los mantos cetrinos
de nubes en avanzada.
Falta el sol a a la cita
abandonando el reino al saqueo
de la melancolía desgarrada
de los grises jirones
que han cubierto ya el cielo
apresando a la luna plateada,
rendida busco cobijo,
no habrá más camino hoy,
descansa la mente agotada,
a lo lejos resuena el trueno
en mi horizonte solo nubes
ninguna lluvia que calme la sed del alma,
me he ovillado en el ensueño
aferro con fuerza toda la hermosura respirada
Entre las manos venero el capullo atesorado,
crisálida deseada,
que rescate mi espíritu
de la interminable espera,
¡Que llegue la libertad ansiada!.

Mariant Iberi

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